Bolivia marcó un cambio significativo en su política monetaria. El pasado 29 de junio, tras dos décadas manteniendo un tipo de cambio fijo de Bs 6,96 por dólar, el país adoptó una flotación administrada, con un tipo de cambio oficial que se fijó inicialmente en Bs 9,73.
La decisión no fue espontánea. Desde hace varios años, Bolivia atraviesa una caída sostenida de sus reservas internacionales netas, que actualmente se ubican alrededor de USD 3.628 millones, de los cuales apenas USD 671 millones corresponden a divisas líquidas. A esto se suman un déficit fiscal elevado, la reducción de las exportaciones tradicionales de gas e hidrocarburos, y un contexto social complicado tras casi dos meses de bloqueos de carreteras. El resultado fue una escasez estructural de dólares que, con el tiempo, generó una brecha cada vez más amplia entre el tipo de cambio oficial y el valor real al que se transaban las divisas en la práctica. Mantener el ancla fija dejó de ser sostenible, y la flexibilización busca corregir esa distorsión de forma ordenada.
¿Qué cambia con la flotación administrada?
En la práctica, empresas, importadores y ciudadanos ya venían operando con un tipo de cambio distinto al oficial: buena parte de las importaciones, contratos y precios internos referenciaban valores cercanos a Bs 9,70–10, muy por encima de los Bs 6,96 oficiales. La flexibilización formaliza esa realidad. El dólar deja de tener un precio fijado por decreto y pasa a ajustarse según las condiciones reales del mercado, dentro de un esquema que el Banco Central de Bolivia (BCB) sigue administrando.
¿Cómo se determina el nuevo valor? El BCB calcula diariamente un Tipo de Cambio Oficial (TCO) a partir del promedio ponderado de las operaciones de compra de dólares que reportan los bancos a sus clientes. Ese valor se publica cada noche y sirve como referencia para el día siguiente. No se trata de una flotación libre en el sentido clásico: el esquema sigue siendo administrado, pero ahora responde a transacciones reales en lugar de un valor fijado administrativamente.
Implicancias económicas: ¿a quién afecta y cómo?
Importaciones: al reflejar mejor el valor real del dólar, se corrige la subvaluación cambiaria, pero también se encarecen en bolivianos los productos importados, con impacto directo en precios al consumidor.
Inflación: el principal riesgo del ajuste es que se traduzca en una espiral de indexación de precios, especialmente si persisten expectativas de mayor depreciación. La comunicación del BCB será clave para contener ese efecto.
Exportaciones: un tipo de cambio más cercano al valor de mercado puede incentivar a los exportadores a canalizar sus divisas a través del sistema financiero formal, en lugar de mantenerlas fuera de él.
Empresas e inversionistas: la transición exige monitorear de cerca la evolución diaria del TCO, así como los indicadores de reservas internacionales y disciplina fiscal, que determinarán si el ajuste se mantiene ordenado o si persisten las presiones estructurales.
El éxito de esta transición dependerá de que varias piezas se alineen: disciplina fiscal por parte del Órgano Ejecutivo, un eventual acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que otorgue tiempo para ordenar la transición, y una política productiva que fortalezca la generación de divisas en el mediano plazo.
Una lección para la región
Aunque esta medida no tiene un impacto directo sobre la economía peruana, sí ofrece una perspectiva útil para inversionistas de la región. La experiencia boliviana evidencia lo que ocurre cuando un régimen cambiario deja de responder a los fundamentos económicos: la falta de reservas suficientes y la ausencia de ajustes oportunos pueden derivar en correcciones más profundas y costosas.
Para un inversionista peruano, el caso boliviano es un recordatorio de la importancia de evaluar, en cualquier decisión de inversión regional, la solidez de las reservas internacionales, la disciplina fiscal y la gestión del riesgo cambiario de cada país. No todas las economías de la región enfrentan las mismas condiciones estructurales, y esas diferencias son, precisamente, uno de los factores que deben pesar al momento de diversificar y evaluar oportunidades fuera del mercado local.
Referencia:
La Razón. (2026, 1 de julio). El camino ordenado del dólar. https://larazon.bo/opinion/columnistas/2026/07/01/el-camino-ordenado-del-dolar/